Cosmeticorexia: ¿obsesión o adicción a la belleza en niñas y adolescentes? Causas y consecuencias

9 de febrero de 2024

Cosmeticorexia: ¿obsesión o adicción a la belleza en niñas y adolescentes? Causas y consecuencias

La cosmeticorexia es un problema que afecta cada vez a más jóvenes, incluso a niñas menores de 12 años. Estar siempre joven se ha convertido en una obsesión para muchas personas en la sociedad actual. Las redes sociales y los medios de comunicación lanzan todo tipo de mensajes que ofrecen productos cosméticos o que animan a acudir a centros de belleza para estar guapísimas, con el objetivo de retrasar el paso del tiempo y lucir un rostro y una piel impecables. Como con otras conductas, cuidar nuestro aspecto no es negativo, pero cuando se convierte en una obsesión o escapa a nuestro control, la situación se complica y puede poner en riesgo la salud física y mental.

¿Qué es la cosmeticorexia?

La cosmeticorexia consiste en la preocupación excesiva por alcanzar la perfección estética mediante un cuidado facial desmesurado. Las personas que la padecen compran grandes cantidades de cosméticos o principios activos, se someten a multitud de tratamientos faciales (por sí mismas o en gabinetes de belleza) y consultan numerosas revistas o tutoriales con consejos sobre prácticas de belleza, con la intención de permanecer jóvenes y lucir un cutis sin ninguna imperfección.

¿Obsesión o adicción?

La cosmeticorexia conlleva una distorsión de la imagen corporal. Las personas que la padecen ven con frecuencia imperfecciones (aunque no las haya, o sean imperceptibles) y quieren conseguir un rostro y una piel cada vez más perfectos. Esta idea puede convertirse en un pensamiento obsesivo y permanente que da lugar a la compra compulsiva de cosméticos y productos de belleza, a la consulta constante de revistas y tutoriales y a rutinas muy estrictas para mantener el rostro como les gustaría.

Al igual que sucede con la vigorexia, la cosmeticorexia podría considerarse un trastorno dismórfico corporal, ya que comparte criterios diagnósticos similares:

  • Preocupación por uno o más defectos o imperfecciones del aspecto físico, sobre todo del rostro, que no son observables o parecen poco importantes para otras personas.
  • Comportamientos repetitivos (mirarse al espejo con frecuencia, limpiar el cutis más de lo razonable, comprar y aplicarse productos continuamente, consultar revistas y recomendaciones de belleza buena parte del tiempo) o actos mentales, como comparar el propio aspecto con el de otras personas.
  • Malestar importante que interfiere de forma negativa en distintas áreas de la vida (emocional, familiar, social, etc.).

Por otra parte, la cosmeticorexia también incluye pensamientos, sentimientos y conductas que podrían clasificarse como propios de un trastorno adictivo:

  • Se llevan a cabo, consultan o difunden en redes sociales rutinas de belleza, o se compran y utilizan grandes cantidades de cosméticos, durante más tiempo del previsto.
  • Los intentos de dejar de llevar a cabo estas rutinas, de usar cosméticos o de ver y difundir tutoriales de belleza resultan fallidos.
  • Se invierte mucho tiempo y dinero en conseguir una piel perfecta, consultando consejos y comprando y utilizando cantidades de cosméticos desproporcionadas y sin supervisión médica.
  • El cuidado del rostro mediante el uso de cosméticos se convierte en el eje central de la vida de la persona.
  • Aparece un deseo intenso e irrefrenable de comprar y utilizar cosméticos para mostrar una piel perfecta.
  • Se desatienden obligaciones o baja el rendimiento en distintas áreas (laboral, académica, doméstica) por dedicar tiempo a los rituales de belleza o a los tutoriales de estética.
  • Aparece aislamiento social o un cambio de amistades: se dejan de lado relaciones y se prioriza a quienes comparten las mismas creencias e intereses en torno a la belleza.
  • Se pierde interés por otras actividades que antes resultaban satisfactorias.
  • Se mantienen estas rutinas de belleza a pesar de poner en riesgo la salud física, sin poder abandonarlas.
  • Aparece malestar físico y psicológico (síndrome de abstinencia) cuando no se pueden llevar a cabo las rutinas de belleza, consultar o subir tutoriales o comprar cosméticos.
  • No se toman días de descanso a pesar de enfermedades o lesiones derivadas del uso inadecuado de cosméticos.

Como ya señalamos en el artículo "A propósito de la vigorexia: más allá de un trastorno dismórfico. Delimitación diagnóstica y causas de este trastorno", publicado en la Revista Española de Drogodependencias (puedes consultarlo aquí), defendemos que la cosmeticorexia, igual que la vigorexia, es un trastorno complejo que comparte criterios diagnósticos de las obsesiones y de las adicciones. En cualquier caso, es un problema de creciente actualidad que requiere detección precoz y tratamiento psicológico especializado.

Factores que influyen en la cosmeticorexia

Son muchos los factores que pueden estar en la base y el mantenimiento de este problema, aunque no todos se dan en todas las personas ni tienen el mismo peso. Cuantos más factores confluyan en una misma persona, mayor será la probabilidad de desarrollar cosmeticorexia:

  • Factores personales: necesidad de protagonismo y de aceptación social, estados emocionales o situaciones difíciles, autoestima basada en la belleza o en el número de seguidores, deseo de convertirse en influencer, baja tolerancia a la frustración, baja autoestima o pobre imagen corporal, entre otros.
  • Factores familiares: familias muy perfeccionistas con ideas sobrevaloradas sobre la belleza y el atractivo físico, transmisión de valores superficiales o de consumo, aprendizaje por modelado.
  • Factores socioambientales: facilidad para difundir consejos y rutinas de belleza en redes sociales, valores sociales centrados en la juventud y la belleza, presión social, facilidad de compra online, publicidad, muñecos y referentes (modelos, influencers) con cánones de belleza muy marcados, y un negocio de cosmética con fácil acceso y escasa regulación sobre su difusión.

Consecuencias de la cosmeticorexia

A nivel físico pueden aparecer problemas en la piel, desde irritaciones por el uso desmesurado de cosméticos o principios activos hasta, en casos más graves, quemaduras. Muchas veces se compran productos por internet sin saber realmente lo que contienen, con publicidad engañosa o sin las garantías exigidas por la normativa de cada país. También se ve afectada la calidad del sueño, al estar pendiente de ver o subir contenido de belleza y de las notificaciones o comentarios recibidos. Pueden aparecer además problemas económicos derivados de la cantidad de cosmética y tratamientos comprados, que a menudo se ocultan a la familia.

A nivel emocional son frecuentes los cambios de humor y la irritabilidad cuando no se pueden aplicar los cosméticos o seguir la rutina de belleza, así como la ansiedad o el decaimiento si no se logra el resultado esperado (aunque, como hemos señalado, el resto de personas no perciba esas imperfecciones o no les dé importancia). La mente permanece ocupada buena parte del tiempo en temas relacionados con el cuidado facial, incluso sin estar conectado a internet, y se deja de disfrutar de otras actividades, lo que puede repercutir en el rendimiento escolar o laboral.

También surgen conflictos con la familia, que no comprende ni comparte el tiempo y el dinero dedicados al cuidado del rostro. Esto puede hacer que la persona con cosmeticorexia se sienta sola, se aísle y busque apoyo en quienes cree que sí la entienden, que con frecuencia son personas con el mismo problema.

Niñas y adolescentes afectadas por la cosmeticorexia

Hablamos sobre todo de niñas y adolescentes porque es en ellas donde este problema se está extendiendo con mayor frecuencia, aunque también puede darse en los chicos. Cada vez hay más productos y consejos de belleza dirigidos a los varones, pero hoy en día se siguen potenciando más los cánones de belleza y los cuidados estéticos en la mujer, hacia quien se dirige la mayor parte de la publicidad. Niñas y adolescentes menores de 12 años, en edades en las que solo necesitarían hidratación y protección solar, empiezan a llevar a cabo "rituales" de belleza facial con gran cantidad de productos.

Niñas y adolescentes buscan referentes y aceptación no solo entre amistades y compañeros de clase, sino también a través de las redes sociales, donde siguen a influencers y youtubers que muestran consejos para mantener un cutis sano con todo tipo de productos cosméticos. El entorno digital facilita además que ellas mismas quieran subir sus propios consejos, mostrando sus rostros impecables en redes como TikTok o Instagram, buscando la aprobación de los demás a través de comentarios o "me gusta" como forma de sentirse mejor. No se trata de maquillarse ocasionalmente con los cosméticos de las madres como un juego, sino de un problema con consecuencias importantes para el desarrollo cuando el uso de cosméticos y las prácticas de belleza se convierten en el eje central de la vida de estas niñas y adolescentes, interfiriendo de forma negativa tanto a nivel físico como psicológico.

En definitiva, la cosmeticorexia es un problema que comparte criterios de los trastornos obsesivos, adictivos y dismórficos, y que conviene prevenir desde distintos ámbitos para evitar que las más jóvenes asuman como propios los valores superficiales de la sociedad o pierdan el control sobre el uso de cosméticos y la consulta o difusión de contenido de belleza.

Si observas que tú misma o alguien de tu familia presenta algunos de los síntomas descritos en este artículo, no dudes en pedir ayuda. En el Instituto Valenciano de Ludopatía y Adicciones no Tóxicas te ayudamos, tanto si eres la persona afectada como si eres un familiar, a abordar los problemas que están en la base de la cosmeticorexia, en un clima de confianza y comprensión. Puedes consultarnos sin compromiso o llamarnos al 963 941 587.

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