No puedo dejar de comer. ¿Qué hago?

23 de enero de 2018

Cuando la comida deja de ser solo una necesidad y se convierte en la forma principal de calmar la ansiedad, el aburrimiento o la tristeza, es habitual sentir que no se puede dejar de comer, incluso sin hambre real. Los atracones, la sensación de pérdida de control durante la ingesta y la culpa o la vergüenza posteriores son señales que no conviene pasar por alto.

No se trata de un problema de voluntad: la relación con la comida puede convertirse en una conducta adictiva que, como cualquier otra, requiere comprender qué función cumple (qué emociones intenta calmar) y aprender nuevas formas de gestionarlas. Pedir ayuda profesional cuanto antes facilita el tratamiento y evita que el problema se agrave.

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