Dependencia emocional o codependencia

13 de junio de 2020

Dependencia emocional o codependencia

Dependencia emocional o codependencia: una tela de araña

No es cierto que sin ti no sea nada

¿Te ha pasado alguna vez que estás con alguien que te perjudica pero no sabes cómo cortar la relación? ¿Con tal de no estar solo o sola intentas siempre satisfacer a las personas de tu alrededor? ¿Crees que el verdadero amor está en las relaciones difíciles? Si has respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas, es probable que estés manteniendo una relación tóxica que te tiene atrapado o atrapada, y que hayas desarrollado una dependencia emocional o codependencia.

Muchas canciones, películas o novelas nos hacen creer que nuestra felicidad depende exclusivamente de tener pareja, y que estamos dispuestos a pagar cualquier precio con tal de sentirnos amados. Es hermoso compartir nuestra vida con una pareja, con amigos, pero nuestra felicidad depende de nosotros mismos, y no conviene dejarla en manos de otras personas, por mucho que nos quieran. Los demás nos aportan cariño, bienestar, seguridad y alegría, pero eso no significa que debamos aceptar en nuestra vida a personas que nos perjudican.

Relaciones que atrapan, alejadas del verdadero respeto

No todas las personas mantienen relaciones sanas con los demás: algunas llegan a establecer relaciones tóxicas que las atrapan. Todos necesitamos el cariño y el apoyo de la pareja, la familia o las amistades, pero a consulta acuden personas que dependen de relaciones muy negativas. En estos casos existe una dependencia emocional que les impide poner límites o romper esos vínculos dañinos.

Las relaciones tóxicas que "enganchan" suelen ser claramente desiguales: una de las partes es sumisa, y la otra, dominante y manipuladora. Las personas sumisas acaban desarrollando una relación de dependencia y, lejos de ser conscientes de ello, toleran mentiras, manejos y humillaciones.

El nivel de dependencia puede llegar a ser tan alto que la persona permite que se ridiculicen o se ignoren sus sentimientos, sus necesidades y sus opiniones, y que se ejerza sobre ella un control desmedido: aislándola, invadiendo su privacidad, anulando sus intereses, impidiendo que tome sus propias decisiones. Una dependencia que se mantiene incluso con personas que no muestran verdadero afecto ni respeto.

Las personas dependientes solo intentan complacer a la otra parte, porque necesitan que esta les dé el amor que no se dan a sí mismas. Por eso se desviven haciendo regalos o controlando mensajes y llamadas, para asegurarse de que no las van a dejar, cuando en realidad suele producirse el efecto contrario. Acaban relacionándose con personas autoritarias que se aprovechan de esta necesidad, lo que en ocasiones da lugar a maltrato psicológico o incluso físico. Pese a ello, soportan el daño porque creen que no pueden vivir sin estar en una relación, en una dinámica que les impide valorarse por sí mismas.

Infelicidad y miedo al abandono

La dependencia emocional hace que estas personas se sientan atrapadas en relaciones perjudiciales, por mucho daño que les hagan. Es habitual que sientan un temor constante, junto con sentimientos de culpa o de rabia, ante la idea de que se las pueda abandonar, rechazar o desplazar.

Aunque podamos pensar que las personas sumisas se sienten felices mientras mantengan alguna relación, no es así. Suelen tener un concepto pobre de sí mismas y una autoestima baja, que solo compensan si están con alguien, porque únicamente así se sienten valiosas.

Sin embargo, suelen estar rodeadas de personas egoístas y dominantes que se aprovechan de ellas según sus propios intereses. La falta de autoestima aumenta la sensación de insatisfacción cuando no están con alguien, y el temor a que, si la relación termina, no vayan a encontrar a nadie más. Su bienestar emocional no depende de ellas mismas, sino de la opinión y la aprobación de los demás, lo que les genera ansiedad y temor a decir o hacer algo que no guste a su pareja o a sus amistades. Así, acaban adoptando una posición de subordinación y renunciando a sus propios deseos, incapaces de tomar las riendas de su vida.

Síndrome de abstinencia y precipitación

En las relaciones tóxicas, lejos de poder romperlas, las personas "enganchadas" se aferran e intentan complacer a la otra parte, renunciando a sus propias necesidades. Podríamos decir que se cumplen los requisitos para considerarlo una adicción: los efectos en la vida de quien está atrapado son devastadores, y nunca llega a sentirse del todo bien por el miedo a perder la relación, lo que da lugar a cuadros de ansiedad intensos si la relación termina, o incluso cuando solo se piensa que podría romperse, aunque no haya motivos reales. Este nerviosismo, esta inquietud y esta irritabilidad, que también aparecen en otras adicciones con o sin sustancia, son un síndrome de abstinencia. La necesidad continua de tener pareja o amigos hace que idealicen a las personas que acaban de conocer, sin haberse tomado el tiempo necesario para decidir si realmente les convienen.

Las relaciones sanas frente a la dependencia emocional

Es fundamental mantener relaciones sanas, basadas en el respeto a las necesidades propias y a las de las personas con las que compartimos distintas esferas de nuestra vida. En las relaciones sanas, cada persona es responsable de sus propios pensamientos, sentimientos y acciones, y entiende que no es responsable de los pensamientos, sentimientos y acciones de los demás.

Por el contrario, las relaciones tóxicas basadas en la dependencia emocional se sostienen sobre la creencia errónea de que somos responsables de la felicidad de los demás, y de que son los demás quienes tienen la responsabilidad de hacernos felices a nosotros. Es fundamental que seamos nosotros mismos quienes decidamos lo que nos conviene, sin depender de personas que solo buscan su propio beneficio.

Un problema grave

Mantener relaciones tóxicas junto con la dependencia emocional que conllevan es un problema grave, porque implica una pérdida de control sobre la propia vida con tal de permanecer en una relación, renunciando a tomar las propias decisiones y soportando desprecios y maltrato en lugar de afecto verdadero.

Afortunadamente, la mayoría de las personas mantienen relaciones enriquecedoras, basadas en el respeto mutuo y el cariño recíproco, pero cuando las relaciones son tóxicas, las consecuencias pueden ser muy graves, y es fundamental buscar ayuda.

Relacionarse es compartir, sin dejar de ser uno mismo ni depender de los demás. Si reconoces alguno de estos patrones en tu relación, puedes consultarnos sin compromiso.

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