Puedo pero no quiero depender de nada ni de nadie

                Puedo pero no quiero depender de nada ni de nadie parece una frase bonita pero esconde mucho más de lo que dice. Estamos rodeados de sustancias y actividades que pueden escapar a nuestro control. El tabaco, el alcohol, las compras, el juego, la comida, relaciones… están atrapando a muchas personas.

   Cuando no podemos controlar lo que consumimos o hacemos surge un serio problema porque caemos en las redes de la adicción. Comportamientos tan habituales como comer, practicar relaciones sexuales, utilizar el móvil, comprar… se convierten en verdaderas telas de araña de las que es difícil salir. Como en otras adicciones, se emplea cada vez más tiempo y dinero en estas actividades y no se pueden dejar de hacerlas e, incluso, se pueden llegar a experimentar síndromes de abstinencia (ansiedad, inquietud, irritabilidad…) si se es  interrumpido o no se pueden realizar estas conductas). Todo ello, acompañado de graves consecuencias en todas las facetas (personal, familiar, social, laboral, económica, etc.)

          Es muy frecuente que las personas con problemas adictivos no reconozcan el problema, quitándole  importancia y autoengañandose o proporcionando todo tipo de excusas, como por ejemplo, “puedo dejarlo cuando quiera”, “si los demás lo hacen, no debe ser tan malo”, “mi familia es una exagerada”… Estas autroexcusas y autoengaños impiden a la persona afectada que reconozca que tiene un problema y que se retarde la búsqueda de ayuda profesional.

             Casi siempre es la familia, la que se pone inicialmente en contacto con el psicólogo para  qué les indiquemos qué pueden hacer. En este caso, les asesoramos  y, una vez, conseguimos que la persona afectada por un problema adictivo acuda a la consulta, trabajamos su motivación para superar sus problema.

          Uno de los objetivos más importantes del tratamiento es que la persona se capaz de asumir que “puedo pero no quiero depender de nada ni de nadie”. Pensemos que es esencial que no piense que tiene  algo prohibido porque lo prohibido nos llama la atención y nos genera más ansiedad por querer hacerlo. Si nos obligan a no hacer algo o nos impiden hacerlo, nuestra insatisfacción, falta de acuerdo e impulsos aumentarán. En estos casos solo conseguiremos que las personas entren en un círculo vicioso: al sentir que se les prohíbe apostar, comprar, mantener una relación tóxica… querrán hacerlo porque no sienten que les perjudique. Sin embargo, si  con nuestra ayuda la persona que viene a consulta reconoce que cuando quiera puede llevar a cabo tales prácticas, pero es ella la que decide voluntariamente lo que quiere y no quiere en su vida, será el mejor paso para que ella misma opte por liberarse de la conducta o la relación que le mantiene “enganchada” .

           Elegir libremente lo que nos conviene o no, nos aporta la posibilidad de decidir lo que queremos  por nosotr@s  mism@s, sin sentirnos coartados o manipulados para dejar de hacer algo. A nadie nos gustaría que alguien nos imponga lo que tenemos que hacer o dejar de hacer en nuestras vidas, aún viniendo de un amigo. Lo que nos hace libres y desarrolla nuestra capacidad para querer hacer o no determinadas cosas, es el hecho de seamos nosotr@s  mism@s los que valoremos si algo o alguien nos está atrapando y queramos romper esas ataduras. Poder, podemos, ya sea jugar, comprar, consultar el móvil… en cualquier momento pero el clave es si queremos o no hacerlo. En este caso voluntariamente seleccionaremos la alternativa que nos hace sentirnos sentirnos independientes y autónomos sin complicarnos nuestra vida con deudas, mentiras, ansiedad, irritabilidad, etc.

            Por tanto, elegir si quiero o no quiero, elegir si queremos o no queremos ser “esclavos”  de algo o de alguien nos hace plantearnos que somos nosotr@s mism@s y, no los demás, los que entendemos los aspectos negativos de una dependencia y  la capacidad para cambiar. A nadie nos gustan las imposiciones, sermones… que los otros puedan hacer sobre nuestras vidas pero no podemos ponernos una venda en los ojos cuando una sustancia, conducta o persona se adueña de nuestras vidas. Hacer las cosas porque queremos, relacionarnos con quien queremos… pudiendo elegir cuándo y de qué manera queremos o no queremos, hará demos el primer paso para  liberarnos de las adicciones. Por mucho que la familia se empeñe o un psicólogo estime que es necesario ayudar a una persona, si una persona no quiere o se lo imponemos, no conseguiremos alcanzar ningún objetivo. Motivar a la persona para que sea consciente de la necesidad de romper con la adicción y quiera superarla, nos permitirá que los tratamientos sean efectivos.

      La libertad de querer de dejar de hacer lo que nos perjudica nos hará sentirnos satisfechos con nosotr@s mism@s porque optamos a lo que nos proporciona satisfacción sin generar problemas.

         Elegir lo que queremos  y lo que nos queremos nos permite ser dueños de nuestras vidas. Aprender a decidir por nosotros mismos sin excusas y engaños, nos hace crecer interiormente. Diferenciar lo que nos daña y lo que nos beneficia, nos hace querer aquello que nos proporciona independencia. ¿Quiero o no quiero? Esa es la cuestión.

Consuelo Tomás -Instituto Valenciano de ludopatía y adicciones  no tóxicas – adiccionesvalencia.es – tratamiento adicciones Valencia – adicciones Valencia – tratamiento ludopatía Valencia – tratamiento adicciones comportamentales Valencia – tratamiento adicciones no tóxicas Valencia – adicción al sexo – adicción a la comida – adicción al  móvil – psicólogos Valencia –

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